Psicología de masas

Por otro lado, los sucesos acaecidos durante el legado del gobierno en la Alemania nazi, es algo que penetró en las mentes de infinitas personas; víctimas, autores, psicólogos, historiadores, etc.

La realidad social se postró ante ellos y si vinculamos a todos ellos en un mismo razonamiento, la yuxtaposición reside en que fueron sucesos devastadores, catastróficos e irracionales. A continuación propongo lo que podrían ser las explicaciones para el comportamiento y la conducta de los autores del genocidio y aquellos quienes lo apoyaron. Los dirigentes y militantes fuern decisivos en la máquinaria de la muerte.

Por un lado, podemos encontrar los denominados factores disposicionales*, partiendo de estos,  optamos por la explicación más coherente pero a la vez incomprensible:

La anormalidad, es decir, estaban locos. Entendemos que cualquier persona que mata a otro sujeto inocente tiene que estar loco, la antítesis se produce al ver que si nos aferramos a esta proposición, requiere argumentar que gran parte de la población alemana, decenas de miles de alemanes sufrían una anomalía. A su vez, podemos descartar no es su mayor totalidad, pero si simbólicamente la explicación de que los autores eran enfermos mentales.

Ante esto, podemos optar por la opción de que los autores deben tener un rasgo particular de personalidad. En este caso Dawidowitzc infiere en que las inseguridades que Alemania padeció después de la Primera Guerra Mundial, y la ansiedad que esta produjo, promulgaron  un ambiente emocional en el cual la irracionalidad y la histeria jugaron el papel fundamental, adaptándose como una rutina que consecuentemente condujo al delirio. En contra posición a esto,  Goldhagen  afirma incluyéndose a si mismo que la población alemana jamás fue fruto de una psicosis de masas delirantes.

En contraposición a esto, topamos con los denominados factores situacionales*, en los cuales intervienen diferentes variables para su comprensión.

La obediencia ciega en la autoridad, la impulsividad o el social aislamiento fueron factores claves y decisivos.

Respecto a la tesis de la impulsividad por el odio intenso perjuicio, varios estudios realizados con soldados de EE.UU. muestran que la cuestión hace hincapié en la camaradería*, es decir, el amor antagónicamente al odio. De hecho los estudios con los terroristas han mostrado que la principal motivación no es magullar a cabo a los grupos enemigos, sino beneficiar a los del grupo de pertenencia.

Stanley Milgram aportó la imagen de que la psicología social en el siglo XIX revela una importante lección, a menudo no es tanto el tipo de persona, es decir no es tan decisiva la personalidad del sujeto como el tipo de situación en la que se encuentra a sí mismo, lo que determina cómo va actuar. Este es un concepto trascendental para la comprensión de la conducta nazi. No hay que olvidar pues, las diferentes presiones que miles de alemanes sufrieron durante el legado nazi.

 Presiones de persuasión

Primeramente las presiones de persuasión, la exuberante propaganda, a menudo de gran eficacia, puesto que en aquellas épocas los medios de información eran escasos, y la única fuente que estaba disponible era esta. Por tanto la propaganda antijudía fue de vital importancia para el éxito del holocausto. Por otra parte, no hay que olvidar las presiones que los dirigentes ya adheridos suscitaban a compañeros y similares. Estos probablemente trataran de persuadir a todos sus conocidos, amigos, íntimos, familiares, etc.

 Presiones de la conformidad

Por otra parte tenemos las presiones de la conformidad. Para explicar esto partiremos del Experimento de Asch. Véase anexo II. B. a

El objetivo explícito de este experimento era estudiar las condiciones que inducen a los individuos a permanecer independientes o a someterse a las presiones de grupo pese a que estas son totalmente contrarias a la realidad. Para realizar el experimento se utilizaron métodos concretos, tales como designar al sujeto verdadero un determinado lugar, haciendo que se anteriormente recibiera el impacto de la tendencia mayoritaria de respuesta antes de este emitir su propia respuesta.  

Los resultaron mostraron que muchos demostrar un malestar y extremo, y una proporción elevada se conformó con el punto de vista mayoritario. No obstante cuando los cómplices no emitían un juicio unánime era más probable que el sujeto disintiera que a cuando estaban todos de acuerdo. Sin embargo hay que decir que otra gran parte de sujetos contestaron acertadamente.

Estos estudios de seguimiento mostraron que los sujetos se sintieron ineptos o inseguros por el experimentador. Demostró la importancia de la pertenencia a un grupo, evidentemente el tamaño del grupo también era decisivo, puesto que la unanimidad del grupo era un factor determinante para tomar decisiones. Por otra parte las presiones que ejercen los grupos sobre los sujetos, como puede ser la ridiculización del sujeto que no comparta la misma idea, es decir el no-conformista, sin olvidar el valor cultural de respeto de las normas sociales.

La aplicación del Holocausto la podemos encontrar en que los dirigentes nazis, principalmente tanto miembros de la SS  como miembros de la policía, a menudo eran ridiculizados por el cinismo de los comandantes si estos no ejercían la tarea adecuadamente. Del mismo modo que los propios soldados nazis ejercían también de sujeto ridiculizado y menospreciado frente a los compañeros  si se mostraban con discrepancias respecto a la tendencia de grupo, puesto que los tamaños de los grupos de batallón eran mucho mayores que en el experimento, y por tanto la convivencia se veía mucho más reprimida por la presión de grupo. El respeto de las normas sociales era moderadamente alto, por tanto todo aquel que las incumplía era un cebo para los grupos unánimes. El conformismo de grupo halla también su explicación en que los respectivos dirigentes nazis estaban en territorio extranjero, generalmente muy lejos de la familia, apenas sin tener contacto con esta, y por tanto como ser humano, necesita socializarse con el resto del batallón, debido a que el asilamiento social* era muy duro.

 Presiones de la obediencia

Estas presiones de conformismo también implicaban las presiones de obediencia. Para explicar este suceso nos basaremos en el experimento de Milgram. Véase anexo II. B. b

 El experimento de Milgram fue una serie de experimentos de psicología social. La finalidad de la prueba era medir la buena voluntad de un participante a obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas puedan propiciar conflictos éticos y morales con la conciencia del propio sujeto.

Este experimento fue ideado por Milgram tras la muerte de Adolf Eichmann, juzgado y sentenciado por crímenes contra la humanidad. Stanley Milgram ideó este experimento para investigar si el comportamiento y la conducta nazi se podían remontar únicamente al seguimiento de órdenes.  El experimento consistía en probar cuánto dolor inflingía un ciudadano corriente a otra persona simplemente por que se lo habían ordenado para realizar el experimento.

Tras realizar este experimento se elaboraron dos teorías. En la primera de ellas se hacia referencia a la teoría del conformismo* que hemos explicado anteriormente, en que describe la relación fundamental entre el grupo de referencia y la persona individual. Se establece que un sujeto que no tiene habilidad ni conocimiento para tomar decisiones, particularmente en el contexto de una crisis, lo llevará a la toma de decisiones del grupo y su jerarquía. Por tanto a consecuencia de tal esto supone que el grupo sea el modelo de comportamiento del sujeto.

En segundo lugar, la teoría de la cosificación*, en la que la esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona. El hecho de atribuirse a sí mismo esta función, implica que la persona no se responsabilice de sus actos puesto que pertenece a los deseos del otro sujeto. Podemos adoptar esta teoría como fundamento del respeto militar a la autoridad. Por tanto en cualquier servicio militar los soldados obedecen, siguen y ejecutan las ordenes e instrucciones que sus superiores dictan, de modo que la responsabilidad del acto no reside en los propios autores sino que recae en el sujeto que ha propiciado la orden, es decir en sus superiores jerárquicos. 

Así pues durante el seguimiento de este estudio se detalló que los factores que aumentan la obediencia son la legitimidad de la autoridad, el mantener una mayor distancia con la víctima, y asimismo una mayor supervisión de la autoridad. Por otro lado la presencia de las personas que idearon la orden es de vital trascendencia para cumplir o incumplir la orden. Extraordinariamente también observamos que el género, la edad o la educación que los sujetos hayan recibido no es pertinente ni derivan en una conducta o otra, por tanto son totalmente indiferentes.

Por tanto las teorías de por qué las personas obedecen se pueden explicar entendiendo la influencia normativa, es decir la autoridad a obedecer. Por otro lado tenemos una incomprensión de las normas del conflicto, es decir no concebimos las consecuencias de obedecer a la autoridad y no damnificar a las personas.

Por otra parte la teoría de la disonancia cognitiva* tiene un rol principal. Después de haber ejecutado las órdenes, el arrepentimiento no se puede llevar a cabo puesto que no se puede retroceder y deshacer el comportamiento pasado, y generalmente un sujeto no se quiere atribuir así mismo como inmoral. Además se le ha de sumar el hecho que no hay tiempo suficiente para meditar, reflexionar y tomar las decisiones correctas y por tanto la mayoría de personas obedecen las órdenes, inclusive cuando se trata de herir a alguien, teniendo en cuenta los factores situacionales.  Por tanto en la aplicación al Holocausto, la situación que se vivía por aquel entonces en Alemania fue de gran influencia.

Con el legado de Hitler la autoridad era considerada el mayor poder de gran alcance e insuperable. La distancia con las víctimas era variada, pero independientemente la obediencia en general era alta. Los campos de exterminio fueron creados por el efecto psicológico que producían los escuadrones de la muerte al emplear el férreo método de rodear a las víctimas y asesinarlas sin contemplaciones. Como bien hemos dicho la presión social de grupo, implicaba que la presencia de compañeros forzara a ejecutar acciones por medio de la obediencia, y a esto hay que sumarle la extraordinaria capacidad de renunciar a la responsabilidad de los actos. En el estudio se observa que las acciones disminuyen cuando el artífice de las ordenes no esta presente, no obstante muchas atrocidades nazis se produjeron sin jefes, aunque en menor grado.

Efectos de la asignación de funciones

En cuarto lugar, nos topamos con los efectos de la asignación de funciones y lo que esto suponía para los dirigentes nazis. Para entender mejor el proceso, tomaremos como base el experimento de la cárcel de Stanford. Véase anexo II. B. c

Se trata de un estudio psicológico realizado en 1971, acerca de la influencia de un ambiente extremo, la vida en prisión, en las conductas desarrolladas por el hombre, dependiente de los roles sociales que desarrollaban. En este experimento se reclutaron voluntarios que desempañaron los roles de guardias y prisioneros en una prisión ficticia.

El estudio fue subvencionado por la Armada de los Estados Unidos con la finalidad de encontrar una explicación a los constantes conflictos en su sistema de prisioneros y en el del cuerpo de Marines. Con el estudio se quiso probar la hipótesis de que los guardias de prisiones y los convictos se auto-seleccionaban a partir de una cierta disposición que redundaba en malas condiciones en tales situaciones.

Con el estudio del experimento y el consiguiente análisis de demostró la impresionabilidad y la obediencia de la gente cuando se le proporciona una ideología legitimadora y el apoyo constitucional. En este caso también se ilustra la disonancia cognitiva que ya se podía contemplar en el experimento de Milgram. Este experimento apoya las teorías de la atribución situacional* de la conducta en detrimento de la atribución disposicional*. Es decir, de nuevo este experimento muestra que las conductas ejercidas por los participantes fueron fruto de la situación, y no de la personalidad individual.

Si tenemos en cuenta que con la llegada de Hitler al poder, muchos hombres sin experiencia militar o policial fueron puestos en funciones de los guardias y verdugos, nos topamos con el efecto de la atribución situacional. Probablemente tal como en el experimentó sucedió, nadie se revelara contra el sistema, y continuaron acatando órdenes.  No obstante, como bien ya hemos dicho anteriormente, muchas de las atrocidades no siempre fueron realizadas frente a un dirigente, sino que fueron impulsadas por voluntad propia, acatando órdenes y mediante la agresividad.

A continuación trataremos de explicar esta conducta agresiva, y comprender como el ser humano ha mostrado una capacidad de agresión tan elevada.

En cuanto a los modelos teóricos explicativos de la conducta agresiva, se clasifican en dos tipos. Por un lado encontramos aquellos que consideran que la agresión es un patrón de comportamiento innato, instintivo. Es el caso del psicoanálisis* o le etología* humana, que conciben de este modo la agresividad.

Por otro lado, la psicología científica, concretamente la psicología social y experimental, analizan este fenómeno como un patrón de comportamiento, que si bien es cierto que puede ser facilitado por las propias características biológicas del sujeto, se trata de un suceso en gran medida aprendido y que la inducción de conductas violentas como la intervención de las mismas dependen de variables psicológicas. Por tanto, es evidente que el comportamiento de miles de soldados nazis, no se dio a causa de características biológicas, pues que la probabilidad de que todos ellos tuvieran ese factor de agresividad es tremendamente inviable.

No obstante, pese que el análisis objetivo de la conducta nazi, demuestra que no se trata de un mecanismo innato y adaptivo, sino que es aprendido, Hitler adoptó esta tesis del psicoanálisis, partiendo también de sus ideales darwinistas. Es decir, los comportamientos agresivos pueden observarse en diferentes especies animales, sobre todo en relación a la supervivencia, muchas dependen de tal según el grado de agresividad que muestren, y así lo explica el darwinismo social*, creencia que Hitler inculcó sobre sus seguidores, hecho que puede explicar el uso de la violencia y las agresiones de forma periódica y normal.

Por otro lado moralmente, la justificación de la agresión es muy subjetiva. Generalmente los organizadores de la violencia justifican sus acciones y critican a quienes propugnan otros métodos, tachándolos de idealistas, ingenuos o traidores. Es cierto pues, que los métodos violentos por tratarse de expeditivos logran que quienes los ejecutan consigan sus objetivos de forma rápida y eficaz, y por eso mismo se refuerzan y perpetúan las acciones agresivas.

Presiones económicas

Para entender las presiones económicas que se vieron influenciadas al movimiento, nos basaremos en la investigación de Muzafer y Carolyn Sherif, con el experimento de la Cueva de los Ladrones. Fue un experimento de psicología social realizado el 1954. Véase anexo II. B. d  

Los resultados del experimento muestran como el ser humano es susceptible al comportamiento hostil, sobre todo cuando tratamos con grupos. Principalmente muestra la facilidad con que esto sucede, es decir la disposición a conformarse hostilidad entre grupos e incluso al interior de los mismos. Aún así, en las tres frases del experimento observamos también la capacidad humana de conceptuar y discutir metas, suspender hostilidades y trabajar en equipo para alcanzar esas metas. Cuando una meta ordenada se organiza alrededor de un ataque inminente, el fenómeno se conoce como “efecto del enemigo común”. Comúnmente, un líder produce un enemigo común, una amenaza, una adversidad para toda la sociedad, con la finalidad de llevar temas de ámbito político a la vida cuotidiana, impregnando a todos los ciudadanos en esa adversidad y movilizándolos bajo una causa común. Este fenómeno es un arma política muy producente y generalmente se utiliza para fortalecer sustancialmente y ampliar la base política de un líder.

En la Alemania nazi, Hitler empleó esta estrategia política tras la Gran Depresión de los años treinta. Este período de decadencia produjo la lucha entre la gente, quienes debían competir por los limitados recursos para subsistir, avanzar y mejorar. La confrontación por esta subsistencia, y la lucha contra el adversario supone que este último sea considerado un enemigo potencialmente peligroso para la prosperidad, y por tanto toda acción contra este puede verse justificada por una causa común.

La situación en que Alemania se encontraba económicamente era pésima. El desequilibrio económico que había producido las deudas contraídas en la contienda era abismal, más la caída inapelable en el sistema monetario con la devaluación de la moneda y la hiperinflación que disparó los precios, provocó una frustrante situación para los ciudadanos. Hitler ante esta situación utilizó a los judíos como chivos expiatorios, deshumanizándolos y expropiándolos de todas sus propiedades y riquezas, estando estos actos totalmente justificados para la sociedad alemana, y por su puesto para los propios artífices nazis.

Presiones de socialización

Esta posible explicación, se da desde la atribución disposicional, no situacional. Con esto entendemos que el espacio y el tiempo no fueron factores fundamentales ni decisivos para la conducta, sino que existía una predisposición a estos comportamientos debidos a ciertos factores.

En primer lugar, la socialización cultural, que como ya hemos dicho con anterioridad, muchas culturas del Este mantenían unos dogmas característicos. Las creencias y los valores, así como las normas socialmente establecidas, que perfectamente pueden incluir prejuicios (larga historia del antisemitismo), eran respetados solemnemente. Como en cualquier otra sociedad, los mitos culturales acerca de héroes y hazañas eran narrados desde la infancia, exaltando vehemente la identidad nacional, como también eran narrados mitos sobre el Primer Reich y el Segundo Reich. No hay que olvidar que gran parte del logro fue propiciado por la iglesia católica; el apoyo hacia el partido nazi fue importantísimo para la aceptación de las masas.


 Hasta el momento, hemos examinado el perfil psicológico de Adolf Hitler, de lo que se valió para conseguir su glorioso logro, y por otra parte cuáles pudieron ser las causas de la lealtad y la fidelidad al líder. No obstante, hay ciertos aspectos que aún parecen ser algo misterioso como muchas de las preguntas que a día de hoy infinitas personas aún se realizan:

¿Qué motivo indujo a millones de alemanes a unirse al movimiento nazi? ¿Cuál fue la causa que promovió e hizo factible el nacionalsocialismo? ¿Cómo logró Adolf Hitler la aceptación de la población alemana?  ¿Cómo fue posible persuadir a una población de un movimiento que generó infinitas atrocidades? ¿Tiene límites la racionalidad humana? ¿Cuál es el límite?

Algunos historiadores, previamente ya se habían cuestionado esta serie de preguntas, tales como Joachim Fest quien declaró tras haber tratado dichas cuestiones: “Tengo que decir que todavía no he encontrado una respuesta realmente convincente”. Realmente ningún historiador la ha encontrado, todavía es un misterio.

Cierto es pues, tal como afirma el psicólogo social Harald Welzer , que a día de hoy el nacionalsocialismo y el comprender los fenómenos explorados por las investigaciones referentes, aun no se ha conseguido efectuar con un planteamiento que logre hacerse con lo que pasó.

Daniel Goldhagen, escritor y ex Profesor de Ciencias Políticas y Estudios Sociales en la Universidad de Harvard, quien alcanzó la conciencia internacional como el autor de dos libros polémicos sobre el Holocausto, ha señalado que estas cuestiones rara vez se han formulado hasta la fecha.

El problema se debe a un exceso de información sobre el Holocausto, pero sólo unos pocos estudios se basan en entrevistas con los autores; los nazis.   

Theodor Adorno fue un sociólogo internacional nacido en Alemania, filósofo y musicólogo, que promovió la búsqueda de la exploración de estos hombres y mujeres .Estas reflexiones fueron el punto de partida para el proyecto de una investigación. El siguiente proyecto estuvo basado principalmente en tres cuestiones:

¿Qué motivos se expresan en las entrevistas?¿Por qué los entrevistados siguieron a Hitler y al movimiento nazi?

 ¿En qué sentido la experiencia de los años nazis sigue presente, cognitiva y emocionalmente, en los entrevistados hoy en día?

¿Qué sucede cuando a la gente que había participado activamente en el nacionalsocialismo, y miembros de los siguientes, se le pide que explique a otras generaciones aspectos sobre el nacionalsocialismo?

Partiendo de este proyecto de investigación, se puede entender la psicología nazi desde diferentes aspectos. Es evidente que la situación en que se encontraba Alemania, en los inicios de la fundación del NSDAP* era totalmente precaria. Predominantemente el corriente en las calles era de vergüenza, humillación, indignación y pobreza. A simple vista, es una reacción previsible tras a ver sido desahuciados por el Tratado de Versalles, pero psicológicamente es más que un simple sentimiento; la vergüenza o humillación, fue determinante en la decisión de millones de alemanes.

La llegada de Hitler, para muchos ciudadanos, adultos y niños supuso una especie de liberación, de enorgullecimiento. La población alemana se sentía totalmente contraria a lo dictado en el Tratado de Versalles, y la aparición de Hitler promovió una atmosfera de oportunidad, de fe y de creencia, de optimismo. Hitler representaba la liberación, la vuelta a la Alemania de oro, a la Alemania digna y respetada, no al punto de mira de todo el mundo. Para millones de alemanes Adolf Hitler representaba la ilusión, la armonía para el pueblo, la paz interior, la voluntad digna, el meollo para huir, escapar y luchar por su dignidad. Para los alemanes, Alemania debía ser grande, y Hitler representaba esta idea, reencarnaba perfectamente la idea de grandeza.

El estudio realizado por Theodor Adorno, también muestra otros enfoques aparentemente desapercibidos.

En los tiempos de la Alemania nazi, parte de la población permanecía en el campo, y el modus vivendi era fundamentalmente rural. Así pues, el nazismo, junto a su ideología promovía una liberación de la monotonía de la vida rural, del trabajo forzoso, de la pobreza y de la miseria. La precariedad era suplantada por un nuevo mundo repleto de innovaciones; viajes, el conocimiento de gente nueva con ideas semejantes, toda una sociedad con un deseo de aspiración, de superación y de supremacía, una experiencia comunitaria y un sentimiento de unidad por un fin común, por el resurgir de Alemania.  Para entender realmente la situación que condujo al razonamiento del nacionalsocialismo como la única vía de salida, cabe entender que el factor elemental  fue la humillación y la indignación que abordaba los corazones de los alemanes.  Para entender mejor, hasta que punto la vergüenza puede ser decisiva en la conducta del ser humano, trataremos sobre los aspectos sociales y psicológicos de la vergüenza basados principalmente en the la obra La Máscara de la Infamia.

La vergüenza es una emoción muy dolorosa.  Numerosas civilizaciones condenar ciertos rasgos o comportamientos como algo vergonzoso, por ejemplo como: debilidad (suave, tímido, niños, homosexuales, o los que temen la agresión, los llamados “débiles”), de modo que la debilidad financiera (pobreza, la dependencia, la aceptación de la caridad, las deudas), es tachado de cobardía y de traición a la patria.

La expresión de algunas emociones como bien la ternura, la amabilidad o bien la compasión, se considera un hecho impropio de un hombre sobretodo en culturas y subculturas de origen alemán.  En algunas sociedades, particularmente aquellas que son llamadas sociedades primitivas, cualquier desviación de la opinión comúnmente compartida, cualquier individualidad, o cualquier interpretación individual y subjetiva puede causar que los burlen y en casos extremos pueden conducir al suicidio.

La  vergüenza  en concreto, tiene un efecto social, como todas las emociones: las personas no sólo están avergonzados de sí mismos, sino también, por ejemplo, de their children, parents, ethnic group or nation.sus hijos, los padres, grupo étnico o nación. Contrariamente la vergüenza  en su aspecto positivo, garantiza y protege la integridad del individuo, lo que conoceríamos como la vergüenza sana. Sin embargo las emociones que se revelan con la vergüenza son tan malas como sentirse como un error, sentirse vacío, con ganas de desvanecerse, desaparecer promovido por la sensación de no sentirse nada. Para desaparecer abstractamente, una persona llega al punto de ser totalmente inexpresiva. Por consiguiente, valores como la ternura, el amor, la amabilidad y todo tipo de emoción percibida como debilidad, son íntegramente  rechazadas. Esto implica que los valores humanistas y los ideales de tal, sean despreciados y humillados, y aparece lo que entendemos por cinismo*. Frecuentemente Adolf Hitler es cualificado por su cinismo, puesto que es un punto característico en su estrategia propagandística; la vergüenza consiste en el desprecio.

La vergüenza pasiva se convierte en activa; los humillados ya no son los propios sujetos, si no que estos atribuyen su humillación a otras personas, trasladando así su sentimiento de vergüenza, humillación e indignación a otras personas, ridiculizándolas, despreciándolas, ejerciendo sobre ellas un odio inminente, inculpándoles de todos los problemas, tratándolos de suciedad y repugnancia. Así pues, el colectivo alemán, encontró su liberación de vergüenza en el colectivo judío, promovido por Hitler, quien solamente tubo que exponerlos como una amenaza más para la sociedad alemana, y con su elocuente oratoria, persuadir a todos los alemanes hasta el punto que estos ejercieran su propio cinismo.

 

El concepto de simbiosis* puede ayudar a iluminar el fenómeno del nacionalismo, en el que la persona experimenta un sentimiento de unidad, el arraigo y el destino común íntimamente en la nación. En términos de psicología social, este concepto se concibe como motivo de afiliación*.

El motivo de afiliación puede definirse como el interés por establecer, mantener o bien restaurar una relación afectiva positiva con una o varias personas. Esta necesidad puede darse de dos formas distintas, o bien pueden ser necesidades que sólo precisan a los demás incidentalmente o contrariamente que únicamente puedan satisfacerse en el contacto con los demás.  Esto se da en los grupos asociados. La pertenencia a un grupo tiene una serie de consecuencias en sus miembros, que son manifestadas en una dimensión que pueden favorecer o inhibir el motivo de afiliación.

El hecho de pertenecer a un grupo implica seis características básicas: identidad, reputación, conformidad, apoyo instrumental emocional o amistoso, y fuente de actividades.

Primeramente respecto a la identidad que produce la afiliación a un grupo, favorece el auto concepto y ayuda a definir los intereses, habilidades y la personalidad.

En segundo lugar, respecto a la reputación que se posee al pertenecer a un determinado grupo de referencia, como miembro de grupo se adquiere reputación, imagen, estatus y sobretodo facilita el reconocimiento y la popularidad entre iguales. Esto puede favorecer sustancialmente a sujetos cuya autoestima, estilo de vida o nivel social se vea desfavorecido, aportándole la vía hacia el reconocimiento o la igualdad, hecho que destierra sentimientos de inferioridad e injusticia moral. Para miles de alemanes fue un camino hacia la prosperidad y la justicia entre iguales.

 

Por otro lado, en cuanto a la conformidad, la afiliación a un grupo favorece la similitud respecto a los aspectos deseables de los miembros del grupo, en otras palabras, los individuos se sienten a gusto de formar parte del grupo en el que los miembros son afines a dichas características de su agrado. No obstante esto también induce a aspectos negativos que bien son la dificultosa individualidad o autonomía. Por tanto, objetivos o propósitos afines a uno mismo se veían ocultos bajo la conformidad que debían prestar al NSDAP o consecuentemente a la dictadura, evitando cualquier tipo de contraposición a los valores marcados por el grupo/sociedad, en este caso el régimen nazi. 

En cuarto lugar el apoyo instrumental o emocional favorece a la confidencialidad y autoestima, puesto que crea un sentimiento de camaradería, de aceptación, provee una fuente de seguridad y apoyo emocional, suministra confianza, consejo y asistencia. Como bien ya hemos dicho, para muchos alemanes el nazismo les proporcionó doctrinas de igualdad que fueron bien acogidas.

Por otra parte, la afiliación a un grupo puede conducir a la amistad entre los sujetos miembros de este, y favorece a conocer personas y crear o mantener amistades, o simplemente ayuda a evitar la soledad.

Para terminar, en lo que se refiere a la actividad, el grupo favorece a la realización de múltiples actividades con miembros del mismo, algunas de las cuales no podrían ejecutarse si no estuviera integrado en él.

Estas dos últimas características, pueden explicar la esperanza que la población alemana, tanto como los propios dirigentes nazis tenían puesta ya en los inicios del NSDAP, un partido político que ofrecía bonanza en todos los aspectos, la reconstrucción de una gran Alemania, el retorno del orgullo nacional, y despojaba así sentimientos de humillación y vergüenza, que residían en Alemania desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Las celebraciones y festividades, los espectáculos, las conmemoraciones, y toda una serie de actividades promovidas por el partido, en sus inicios y por la triunfo de la dictadura, impregnaba a los alemanes de nuevas expectativas de vida. Muchos de ellos se enriquecieron enormemente a costa de los judíos, y mantuvieron un estatus alto, para sus familias o sus amistades, se constituía de una beatitud inconmensurable que no daba lugar a los remordimientos.

El núcleo de vida había pasado a la lealtad y la fidelidad al grupo, a la nación, y todo giraba en torno a esta, implicara lo que implicara. Como en cualquier otra sociedad, cultura o consorcio, todos los medios eran justificables para la gloria de la nación, así como las guerras son santas si son contra los infieles.


 
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