El fascismo

Uno de los aspectos más destacados fueron las sombrías consecuencias sociales y económicas de la Primera Guerra Mundial que comportaron una ruptura radical del antiguo orden internacional.  Europa se veía terriblemente debilitada por la guerra, a causa de esto vio como su antigua hegemonía económica se desvaneció. A su misma vez avistaba la moderna sociedad de masas y la consolidación de la revolución comunista en Rusia, rompían los equilibrios que sostenían los regímenes parlamentarios tradicionales.  Acabada la guerra surgieron nuevos corrientes políticos autoritarios que despreciaban la democracia y el parlamentarismo liberal, y que además exigían la implantación de formas de gobierno de tipo dictatorial. El corriente que mayor importancia desprendió fue el fascismo.  El fascismo italiano y el nacionalismo alemán se constituyeron como las dos manifestaciones más grandes y devastadoras del fenómeno del fascismo. Dicho fenómeno sufrió un golpe aparentemente definitivo con la derrota de ambos países en la Segunda Guerra Mundial.

 Una de las consecuencias que favorecieron al desarrollo del fascismo fue la crisis de la democracia* parlamentaria. A pesar de la victoria de las potencias aliadas en la Primera Guerra Mundial lo que contribuyó al fin de los regímenes autoritarios de Alemania y del imperio Austro-Húngaro y por consiguiente al triunfo del parlamentarismo democrático, dicho triunfo fue asimismo, efímero.

En su totalidad la crisis del parlamentarismo democrático se vio afectada por la Gran Depresión de los años treinta, que erosionó notablemente la confianza establecida en este sistema, acusado de ser un sistema ineficaz, ineficiente y corrupto.

El origen del fascismo, hay que situarlo en Francia, durante la Revolución Industrial, pero no es hasta finales de la Primera Guerra Mundial dónde finalmente se consolida como un corriente de fuerte importancia.

Tomó forma definitiva con la llegada de Benito Mussolini al estado Italiano. En diferentes países europeos las dificultades económicas que precedían desde el fin de la guerra, había adquirido en muchos países europeos un carácter de insatisfacción general de carácter político y social, y promovió la frustración de muchos estados, y por tanto una inestabilidad predominante. El sentimiento de precariedad, de vergüenza y humillación se manifestó en buena parte de las potencias derrotadas, sobretodo en Alemania tras haberse considerado responsable de guerra.

No obstante y paradójicamente, Italia fue también una de las potencias que pese a formar parte de las potencias victoriosas se sintió atacada y desprestigiada por el papel que había desarrollado y por las desavenencias con las potencias vencedoras y las irregularidades que estas comportaban frente a Italia.

En cuanto a las características del fascismo, el término “fascismo”  tiene un doble origen. Por una parte proviene de la expresión latina “fasces” , el hacha rodeada de un manojo de cuerdas que simbolizaba la autoridad del estado romano, y por otro lado del italiano “fascino”, es decir, grupo o bando. El fascismo es una doctrina política compleja, propia del mundo entreguerras, caracterizado principalmente por su carácter nacionalista* y xenófobo*. Todo aquel país que constituía un partido fascista deseaba que su respectivo país se convirtiera en una primera y única potencia dentro de un nuevo orden mundial. Este nacionalismo promovía que los partidos fascistas potenciaran el ejército, exaltaran la guerra e incluso militarizaban todos los aspectos de la vida cuotidiana.  A raíz de dicho nacionalismo y del ímpetu de independencia y autosuficiencia surgió el establecimiento de una política económica autárquica*. El rechazo de la democracia y el parlamentarismo se sumaron al objetivo de instaurar una dictadura de tipo totalitario dónde el partido fascista controlara completamente el Estado.

Por otro lado el anticomunismo* se hizo notable, lo que condujo a que en primer momento a que fueran los conservadores los acreditadores de subvenciones para los partidos fascistas, fruto del temor a la propagación del comunismo.  Irónicamente también se constituía por tener un carácter antiburgués*; la mayoría de los partidos fascistas se proclamaban contrarios al capitalismo y se oponían a estos basándose en las injusticias sociales.

Finalmente un hecho que promovió que muchas masas se unieran fue el carácter moderno y el estilo propio que promovía, estableciendo un ambiente de uniformidad que se caracterizaba por el uso de uniformes paramilitares* además de una simbología propia, sin olvidar la exaltación de un líder* carismático.

Como bien ya se ha dicho, el fascismo Italiano bajo el mandato de Benito Mussolini fue el primer de los movimientos de este corriente, seguido de gran importancia también por Adolf Hitler y el nacionalismo alemán, y cabe destacar a Francisco Franco, puesto que la dictadura establecida en España permaneció durante años a diferencia de la mayoría de dictaduras que una vez finalizada la guerra se abolieron.

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