Análisis Conducta y Comportamiento

A continuación analizaremos detalladamente el perfil de personalidad de Adolf Hitler, de modo que esto nos aportará una mejor y más clara idea del desarrollo de la ideología, del comportamiento y la conducta, para tratar de comprender así el origen de sus actitudes.

Un estudio psicoanalítico , sugiere que la personalidad de Hitler se puede cualificar de una personalidad contrarrestada, contraproducente, basada en la intensa tozudez de sus esfuerzos para superar rápidamente sus discapacidades, sus debilidades y sus humillaciones. Algunas veces incluso hacia esfuerzos para vengar las lesiones del pasado.

Una de las características de la personalidad de Hitler es el idealego, una reacción que implica la represión y la negación de las partes inferiores del “ser” que suponía que Hitler imaginara con transformarse exactamente en todo lo contrario; un ser superior y único. Esta, es una concepción común en las culturas del Este, pero en el caso de Adolf Hitler se constituía por su forzoso modelo, extremadamente compulsivo y basado en una débil estructura neurótica.

Las tendencias principales eran, en primer lugar la dominancia y la superioridad, sentimientos intolerables de inferioridad ya que conducían a contemplar los propios rasgos inferiores, tales como la debilidad, la timidez o la sumisión. Como ya hemos dicho, lejos de los rasgos inferiores Hitler se atribuía a sí  mismo como una divinidad designada para conducir a la población alemana hacia el poder y la gloria. Véase anexo II. A. a

 Por lo tanto Hitler fantaseaba con verse acompañado de una admiración y envidia de la fuerza en la visión de los demás, puesto que estos lo verían como un ser superior alentado por momentos de una extrema confianza en sí mismo. Esta confianza extrema confianza con la que Hitler transmitiría un sentimiento de igualdad, hacia factible que Hitler impregnará a los oyentes de la misma confianza, afirmándoles que él jamás se equivocaba, de modo que debían de seguirle con obediencia ciega pasara lo que pasara. Frecuentemente utilizaba expresiones imperativas, amenazando a quien osara contradecirlo. Véase anexo II. A. b

En segundo lugar, el elogio ferviente hacia la fuerza bruta y la pureza de la sangre alemana era otra de las tendencias principales tangibles en la personalidad de Hitler.

Hitler adoraba la fuerza física, la conquista militar y la dominación despiadada. En cuanto a la adoración por fuerza física fue un rasgo curioso puesto que Hitler poseía ciertos rasgos en su constitución contrarios a su admiración. Por ejemplo, cuando él fue niño, era un ser frágil y enfermizo y emocionalmente dependiente de su madre. Nunca trabajó en nada manual, ni tampoco formo parte de ningún club atleta, e incluso fue considerado como no apto en el servicio obligatorio militar en la Armada Australiana. A todo esto se puede añadir que el temor a su padre, hacía de él una persona sumisa. Con el paso del tiempo Hitler mantuvo el mismo perfil, en cuatro años en la armada jamás llego al rango de cabo.

Respecto a su admiración por la pureza de la sangre Alemana, se sabe que Hitler siempre había ensalzado las cualidades superiores de la pureza, sin mezcla, sin mezcla ni incorrupción de la sangre alemana. A causa de esto él nunca quiso que la sangre de los alemanes se mezclara con la de cualquier otra raza y especialmente con la raza judía, lo que desembocó en el extremado antisemitismo. Véase anexo II. A. c

Otro rasgo que caracterizaba a Adolf Hitler era la agresividad y el deseo constante de venganza. Su inconmensurable odio se remontaba a la experiencia de relativa certeza de insulto, humillación y orgullo herido en su infancia. Por otra parte la explicación a su falta de escrúpulos puede hallarse en su extremado desprecio por la debilidad ante el enemigo, su impulsividad y su fascinación por lograr las metas sin importar el costo que tuvieran. Tal era su obcecación que era muy condescendiente con quienes mostraban valor y arrojo en el combate.  Por otro lado la venganza de Hitler solo podía satisfacerse mediante el exterminio de sus innumerables enemigos. Véase anexo II. A. d, e 

Esto explica también la represión de conciencia del dictador.  Desde que se embarcó en su carrera de dominio despiadado y venganza, Hitler se transformó en un hervidero de secretos, de remordimientos neuróticos  y en un sentimentalismo que tenían que ser reprimidos. Hitler siguió un período de ansiedad y agotamiento, abatimiento, agitaciones y pesadillas, que solamente cabe a interpretarlas como el funcionamiento inconsciente de la mala conciencia. 

Por otro lado, este mismo hecho puede explicar el perfil de auto-reivindicación de la criminalidad. Es decir que paradójicamente, los reiterados crímenes que Hitler cometía, en parte eran causados por la represión en su consciencia, la mala conciencia y la necesidad de apaciguarla, daban lugar como único método  de someterse de su culpabilidad inconsciente a cometer otro acto de agresión. Este factor de represión de la conciencia fue de gran importancia para el éxito de sus crímenes.

Por siguiente, Adolf Hitler se caracterizó por extraordinario carisma capaz de envolver a una infinidad de personas e incluso masas. Uno de los aspectos más característicos de Hitler, fue el poseer la virtud de una gran oratoria gesticular muy estudiada y consecuentemente una capacidad de liderazgo notable. A pesar de que Hitler nunca pudo cambiar sus orígenes ni el decreto de su potencia y que contrariamente a Mussolini él nunca intentó desarrollarse físicamente, Hitler se constituyó como el individuo más poderoso en el mundo. Para lograrlo el primer paso fue el uso de palabras embriagantes hacia las masas. Él mismo reconocía su capacidad de embriagar a las masas e incluso ironizaba con ello. Véase anexo II. A. f

Hitler aprovechó dicha virtud para persuadir a la población alemana mediante imponentes discursos. En estos discursos, se observa una estructura que él mismo desvela en su libro Mein Kampf. Esta estructura, hecha a conciencia tal como refleja su excelente eficacia, era muy simple:

–      Mantener el simple dogma.

–      Ser franco y directo, hablando solamente en narración.

–      Hablar con las emociones de la gente.

–      Olvidarse de la belleza literaria, razonamiento científico, equilibrio o la novedad.

–      Uso de la repetición reiteradamente.

–      Centrarse meramente en persuadir a la multitud, y crear fanáticos.

–      Buscar consignas que puedas permitir la conducción del movimiento hacia adelante.

Además, Hitler tenía una estructura muy determinada que utilizaba en estos discursos con el fin de sacar el máximo provecho a la susceptibilidad de la multitud. Primeramente, debía sacar el carácter común de la multitud y de este modo unificar al grupo. En segundo lugar, debía identificar una amenaza para esa multitud y así agitar las emociones de miedo y rabia poniendo al borde al grupo. El tercer paso, el más decisivo en todo su propagandístico período, fue la invocación de un poder superior, designándose como un agente de ese poder superior. Hitler se atribuía a sí mismo como un sirviente de la divina Providencia. Se le concibe pues, como un hombre el cual ha sido exclusivamente creado para alumbrar la población Alemana.

Una vez Hitler había logrado la credibilidad de la multitud, haciendo que se le concibiera como la encarnación de los deseos y las necesidades no expresadas de la población,  tan sólo tenía que exponer la solución a la amenaza de carácter común y proclamar dicha solución victoriosa tanto para el interés común como el superior.

Hitler utilizó a la raza judía como amenaza. Los factores que determinaron la elección de este colectivo fueron varios.

En primer lugar la influencia del sentimiento generalizado antisemita, tradicional en Alemania. En segundo lugar las frustraciones personales de Hitler requerían un enfoque expiatorio de su agresividad reprimida. El colectivo judío era el enfoque clásico por qué no se defendían con violencia ni armas. Los judíos representaban además el objeto sobre el cual Hitler convenientemente podía proyectar su propio auto “inferior”. Cabe a destacar que después del Tratado de Versalles, los alemanes necesitaban un chivo expiatorio. Si a esto se suma que los judíos eran la mayor amenaza y adversidad de Hitler, puesto que se asociaban a las principales antipatías de Hitler, tales como la democracia, el comunismo*, el materialismo o el capitalismo. Estos eran los únicos que podrían impedir su programa en la conquista. Finalmente era de vital importancia que algunos judíos eran realmente ricos, y Hitler necesitaba una excusa para desposeerlos. Véase anexo II A. g, h

Así pues fue como Hitler les ofreció la raza judía como un acto de estrategia política. Un ejemplo fue que Hitler despertó el espíritu de lucha de los soldados nazis, y para eso era necesaria la existencia de algún objeto sobre el cual los hombres podían ventilar sus pasiones brutales, para canalizar la ira fuera de sí mismo.

Cuando analizamos los siguientes aspectos, rápidamente observamos que Hitler era un hombre racional, calculador y comediante.  Hitler era en sí un individuo autosuficiente y solitario. Pocas personas formaban parte de su círculo personal, entre otros se puede citar a Albert Speer, el fotógrafo, Heinrich Hoffmann, Martín Bormann, Joseph Goebbels, etc. A los cuales les exigía lealtad a toda prueba de discreción.

Según algunos historiadores ,Hitler fue vegetariano, si bien otros lo descartan ,no fumador, abstemio y ecologista. Jamás visitó una ciudad bombardeada, un campo de concentración o un hospital, tan si quiera quiso ver las fotos y filmaciones de las ejecuciones de los involucrados en el atentado ejecutado por Claus von Stauffenberg hacia su persona.  Hitler era una constante mezcla de cinismo y fraseología idealista de valores irracionales puestos al servicio de cálculos oportunistas, prejuicios e ignorancia.

Por otra parte, Hitler era un ser caracterizado por su capacidad de impresionar y manipular, de subyugar a cualquiera incluso a los dirigentes más seguros en sus campos de acción. Hitler lograba disminuir y manipular a las personalidades hasta el punto de servilismo. Una peculiaridad de Hitler era que pese a su faceta ecologista en cuanto a la prevalencia de la naturaleza y oposición al maltrato animal, contrariamente manifestaba una falta de escrúpulos y de sensibilidad cuando se trataba de deshacerse de enemigos o sacrificar soldados.

En cuanto a su vida sentimental, Albert Speerlo señaló como un desconsiderado con Eva Braun, su amante. Cualificaba su comportamiento y el trato hacia ella de vejatorio y opresivo. Hitler era muy celoso, lo cual no permitía a casi nadie inmiscuirse en esos temas.  Por otro lado, la orientación sexual de Hitler siempre ha estado muy cuestionada por la conducta aplicada al colectivo homosexual, y por el vínculo inicial con Ernst Röhm, aunque algunos historiadores indican que era sin duda heterosexual.

A priori la única coherencia que parece explicar esta conducta contradictoria y compleja es en la voluntad de poder. La satisfacción de la sed de poderío hace surgir en él una necesidad de dominio aún más grande.

En psicología social este fenómeno se conoce como el motivo de poder*. Entendemos poder por una relación entre varias personas en la que una ejerce el control sobre la conducta de los demás, y por tanto lo que se traduce en una gran capacidad para modificar el comportamiento de los demás. El motivo de poder se concibe pues como el interés por dominar y controlar el comportamiento de los demás. Principalmente se caracteriza por una tendencia estable a buscar influencia, persuasión y control sobre los demás. Observamos este tipo de influencia y sobre todo de persuasión en el exhaustivo comportamiento propagandístico.

Un factor fundamental se basa en conseguir reconocimiento, es decir, no tan solo influenciar, dominar y controlar el comportamiento de los demás, sino que este mero hecho sea reconocido e incluso admirado. Este tipo de personalidad conduce a que las personas que lo padecen busquen anisadamente la forma de satisfacer este motivo, y como bien fue en el caso de Hitler, éste lo hizo por medio del liderazgo.  

Digamos entonces que la motivación de poder que Hitler tenía superaba vertiginosamente su propia conducta, es decir, que pese a la influencia que ya ejecutaba sobre su entorno, esto no le satisfacía lo suficiente. El hecho es encontrar la diferencia entre necesidad de poder y logro, puesto que algunas de estas características pueden ser ambiguas y se pueden encontrar en la personalidad de muchos sujetos sin ser necesariamente intrínsecamente voluntad de poder. Por tanto se ha de tener presente que las personas con motivo de poder elevado, como bien era el caso de Hitler, tienen a ser personas conservadoras y utilizan el poder para mantener la situación, mientras que el logro estriba en que estas personas aceptan los cambios, siempre que ello favorezca el rendimiento.

Para verificar que Hitler sigue el patrón conductual característico de las personas con motivo de poder elevado, comparamos las manifestaciones que se dan en este tipo de sujetos con el comportamiento de Hitler durante su trayectoria:

En primer lugar, son personas que con mucha mayor frecuencia de lo que es habitual en otras personas, sienten la necesidad de convencer y persuadir a los demás acerca de diversas cuestiones, y por tanto generalmente esto supone que estos sujetos elijan profesiones donde puedan ejercer influencia sobre los demás. No es de extrañar pues, que Hitler accediera a la política y terminará por fundar el NSDAP y que toda su vida formara parte en asuntos políticos.

Otro factor se da en que los varones se caracterizan por ser asertivos, competitivos y agresivos.

Por otra parte, estos sujetos realizan conductas cuyo objetivo principal es lograr prestigio ante los demás, aunque tal vez lo más significativo sea que utilizan a miembros del grupo al que pertenece para obtener beneficio personal, e incluso suelen hacer alianzas de conveniencia con otras personas que deshacen en el momento que no obtienen el provecho esperado. Este punto fue uno de los más característicos de Hitler, ante su ingratitud y serenidad para romper pactos, como bien es un gran ejemplo el Pacto de Ribbentrop-Mólotov o de No-agresión firmado entre Alemania y Rusia.

Además, son personas que en la evaluación y juicio con los demás, se guían únicamente por estereotipos, siendo más susceptibles de ser influenciados por prejuicios. En cierta manera, el antisemitismo y la exaltación de la raza aria no dejan de ser fruto de un estereotipo que Hitler adoptó al ser considerada la “raza alemana” una raza superior por proceder de antiguos romanos. Finalmente se caracterizan por que pueden llegar a ser grandes líderes.

 En relación con el motivo de poder, existe lo que denominamos el rol de liderazgo, puesto que el líder, en este caso Hitler, ejerce una fuerte influencia sobre las conductas del grupo. En este aspecto existen dos tipos de líder, el líder socio-emocional* cuya función es crear un clima de armonía en el grupo, y el líder de tarea*, encargado de que las actividades del grupo y sus miembros se realicen satisfactoriamente. Como líder carismático, podemos afirmar que Hitler ejerció ambas funciones en la Alemania nazi, así pues su conducta era un tanto ecléctica. 

A demás de esto, cabe a apreciar las habilidades y los rasgos peculiares que Hitler específicamente poseyó para conseguir su logro.

Comenzando por la capacidad de expresar con pasión las necesidades más profundas y anhelos de la población. Continuando con la capacidad de atraer a los más primitivos, así como a las tendencias más ideales en los hombres. Por otro lado la capacidad de llegar a una solución rápida y eficaz ante problemas complejos.  El uso de la metáfora, el basarse en imágenes tradicionales y el mito en el discurso y la escritura. Paradójicamente la capacidad de evocar simpatía y protección, tanto para su pueblo como para su propio bienestar.

 Factores substanciales como la dedicación completa a su misión, la abundante confianza en sí  mismo y la adhesión tenaz a unos pocos principios. Sin olvidar el dominio de la técnica de la organización política. En este último caso, los principios de acción política fueron muy claros y precisos. El éxito dependía de ganar el apoyo de las masas, por tanto el líder del nuevo movimiento debía apelar a la juventud. Además las masas necesitaban mantener una ideología, que sustentara la unidad de grupo. Hitler también clarificó que el éxito justificaba cualquier medio, y que un nuevo movimiento no podía triunfar sin el uso eficaz de los métodos de terrorismo

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